Dinámica gerencial – Philip B. Crosby – PDF

April 15, 2016





[Ebook – PDF] – Dinámica gerencial: el arte de motivar a los demás

ESPAÑOL | PDF | MCGRAW-HILL | 1992 | 1 Edición

Philip B. Crosby | ISBN 9789684224971

COD REF: 1000111565.RAR // PASS – CONTRASEÑA: L1BR05@YUD4.1NF0






Ebook Dinámica gerencial: el arte de motivar a los demás – Descripción y contenido

Hace tiempo, cuando estaba en la escuela elemental de Woodsdale en Wheeling, West Virginia (aproximadamente entre el uso del pizarrón y el gis, y la aparición de las computadoras), empecé a notar que algunas personas podían ser líderes y otras no. La directora podía entrar en el salón de clases y en unos momentos todo mundo estaba haciendo lo que ella había sugerido. No daba órdenes expresas ni señalamientos; todo resultaba espontáneo. Nos sentíamos felices y contentos al participar activamente. Muy pocos maestros podían lograr esto, al menos de esa forma; tenían que depender de la autoridad y aun así, no siempre funcionaba igual.

Durante mi permanencia en la Marina, empecé a darme cuenta de que a pesar de que todos me superaban en rango, algunos no necesitaban de un título para hacer que las cosas les resultaran bien. En cambio a otros ni el rango les ayudaba; simplemente no lograban que las cosas les salieran bien. El éxito o el fracaso en estos casos no parecía ser cuestión de la cantidad de conocimientos que alguien tuviera en determinada materia. Era algo mucho más personal que eso. Mi percepción acerca del don de liderazgo no ha cambiado mucho desde aquellos días. He trabajado para varias compañías y bajo las órdenes de docenas de personas. Muchos de mis jefes eran considerados personas muy exitosas. En mi vida privada he servido a la Iglesia en todas las funciones posibles y he estado cerca de ser pastor. Inclusive he tocado el órgano en un par de reuniones. He servido de guía y líder en clubes cívicos, actividades de apoyo artístico, manejo de fondos, ligas menores y otras funciones similares en la comunidad. Incluso he presidido la batalla contra la instalación de un nuevo sistema de alcantarillado en nuestro vecindario.
Todos hacemos este tipo de cosas; son parte de la estructura social y para la mayoría son agradables. La variedad de experiencias no ha cambiado mi visión acerca de que algunas personas pueden manejar las situaciones mejor que otras. Solía pensar que se trataba de la naturaleza de cada quien, en cierta medida algo genético. Ahora he llegado a la conclusión de que el liderazgo puede aprenderse según las aspiraciones de quien persevera para lograrlo. Algunas personas, aun sin saberlo, son líderes naturales. Los demás tenemos que ser metódicos.

La idea de este libro surgió como resultado de algo que se dijo en una conversación sostenida al término de una clase en la Universidad Quality de Winter Park, Florida. Habíamos hablado acerca de la forma de lograr mayor calidad en una compañía y uno de nuestros ejecutivos estudiantes manifestó nerviosamente que a su presidente no le iba a gustar lo que se tenía que hacer. El presidente era conocido como un experto financiero con tendencias de ermitaño. No obstante, durante la hora que pasé conversando con él, me impresionó gratamente su penetración, comprensión y natural inteligencia. Pero ante sus empleados esa persona se convertía en autoritaria, fría, rígida e intransigente.

Pensar que tal personaje sería capaz de explicar el concepto de calidad al personal de la compañía se nos hacía algo imposible.
Sin embargo, cuando le llegó su turno, respondió bien e hizo su parte magníficamente. Como preparación, yo había explicado lo que consideraba el problema y lo que podría hacerse al respecto. El presidente me puso muchas trabas, hasta que entendió completamente. No se daba cuenta de que con su personalidad natural resultaban mejor las cosas que con su porfiada postura. Desde muy joven comprendí claramente que cada cosa estaba a cargo de alguien. La alberca tenía un salvavidas, el salón de clase un maestro, la fuente de sodas un dueño, nuestra casa una madre, los distintos lugares donde yo había
trabajado tenían un jefe.

Esa persona decide lo que sí se puede hacer o no en esa área en particular. Muchas veces les convenía que me sintiera cómodo y complacido; sin embargo, ellos eran quienes mandaban. Al través de los años, en mi trabajo se me hacía más evidente que el jefe era quien establecía el estilo de la organización, definía las reglas y llevaba el timón. Algunas empresas florecían, otras se marchitaban. Por ejemplo, en los grupos eclesiásticos, donde tanto los gobernados como los gobernantes son voluntarios, el éxito y el fracaso podían verse en salas de juntas contiguas. En la Marina se me presentó una espectacular evidencia de que había algo en el efecto del líder. Servía en un barco que era una gloria. Disfrutábamos cada minuto y el comodoro señalaba continuamente nuestro desempeño a los otros en el escuadrón; yo acariciaba seriamente la idea de seguir una carrera naval. Entonces llegó un nuevo capitán.

De repente todo cambió. El barco se convirtió en un sitio deplorable para vivir y trabajar. Nada era apreciado y nada estaba bien. Eramos culpables de todo hasta probar nuestra inocencia y además sospechosos por ser taimados. Fue una experiencia terrible.


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